DEDICADO PARA LOS MATRIMONIOS QUE COMIENZAN SU PROPIA BATALLA EN CONTRA DE LA PORNOGRAFÍA

Por Cristobal Jeldrez C.

Como es de conocimiento de ustedes, el año 2017, en el mes de noviembre hice confesión de mi pecado y adicción a la pornografía, primeramente entre un grupo de hermanos en el sínodo, después a mi esposa, y luego a los pastores, que cuidaban de mi.

No fue el 2018 un año fácil, sino todo lo contrario, fue un año muy duro en el matrimonio, en algún momento yo pensé que mi esposa tiraría la toalla y que atravesaríamos la dura experiencia del divorcio, inclusive en alguna discusión se nombro esa posibilidad.

Desde noviembre del 2017 hasta febrero 2018 yo estuve haciendo mi curso en el ministerio libres en Cristo, un curso de 2 meses, lo termine haciendo en 4 meses, fue duro el periodo de abstinencia, pase por muchas crisis, no fue fácil abandonar una adicción de 26 años.

Les cuento un poco para que entiendan como funciona la cabeza de un adicto, cuando empecé el curso, lo único que pensaba y lo único que me repetía es que no podía hacerlo, y que yo sabia que volvería a caer en las garras de la pornografía, me cuestionaba el por que había confesado, que no debí hacerlo por que no podría escapar, había estado luchando solo y nunca había podido abandonar ese vicio, intente muchas veces, oraba y suplicaba al Señor pero nunca lo logre, era una batalla que perdía todos los días de mi existencia, algo que me superaba, algo que hacía repetitiva mente hasta por 10 horas al día.

Empecé el proceso derrotado a sabiendas que no podría escapar, con temor, con vergüenza, con la sensación de que seria un intento más y me había delatado con todos, me había transparentado.

Con respecto a mi esposa fue terrible, me sentía culpable, no había nada que pudiera decir para calmar su corazón, no había nada que pudiera hacer, en algunos momentos lloraba, y yo solo permanecía inmóvil e impotente, por que nada que viniera de mi calmaría su dolor, sino todo lo contrario.

La vi muchas veces tirar la toalla, rendirse, pero el Señor obraba en su corazón, no se como, y ella volvía a la batalla, negándose a si misma y apoyándome de manera incondicional.

Realmente fue difícil, y fue muy difícil no contar con apoyo, no tener la familia cerca, y atravesar por este valle solos. A pesar de ello, pudimos en medio de las circunstancias entender que era el trato de Dios para nuestras vidas. Fue duro, pero agradecemos que fue de esa manera, si tuviéramos que elegir, elegiríamos la misma situación.

Me sentí muchas veces observado, me sentí en algunos momentos apartado, así que fue un proceso que viví en todos los ámbito en donde me desenvolví, trabajo, casa, iglesia, etc.

Así fue el contexto de mi primer año de lucha, eso fue lo que pase y lo que pasan muchos hombres y mujeres que confiesan su pecado, para glorificar a Dios.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *