Por Juan Pablo Espinoza

“Con la soberbia llega también la deshonra, pero la sabiduría acompaña a los humildes” (PROVERBIOS 11.2)

El contraste entre la soberbia y la humildad es enorme, de eso no hay duda, pocos son los que se ufanan de ser soberbios y entre los cristianos no encuentras a ninguno, todos estamos correctamente en la categoría de los humildes a nuestros propios ojos. Pero ¿cómo estar seguro de no estar equivocado?, es una buena pregunta.

UN CORAZON SOBERBIO

Un corazón soberbio, es aquel que no le gusta que le digan las cosas que debe hacer, aunque puede hacer muchas cosas buenas por voluntad propia no le agrada actuar cuando otro se lo pide. Por ejemplo, ante una solicitud directa de ayudar a otro, puedes pensar: “porque se mete en mi bolsillo…”, pero por otra parte puedes decirte a ti mismo “si alguien me pide ayuda yo con gusto se la daría”, ambas ideas van en un mismo sentido pero pueden generar un conflicto en tu interior, la diferencia esta en la libertad de la decisión.

UN CORAZON ORGULLOSO

Un corazón orgulloso, ha bebido de la levadura de Herodes (Marcos 8:15). Para Dios orgullo es también ingratitud a Su Palabra, así lo dice la carta a Tito “dicen conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, pues son odiosos y rebeldes”. Herodes (Marcos 6:14-29), quien tomó la mujer de su hermano, probablemente en una relación que pasó de ser secreta y prohibida a abiertamente pública, Herodes se dejó seducir por lo prohibido, mientras por otra parte escuchaba de buena gana a Juan el Bautista, luego su hijastra le atrapó con un baile en el día de su cumpleaños, el cual termina para Herodes entregando la cabeza de Juan el Bautista en un plato, lo que se puede interpretar como el lazo del diablo para su alma silenciando la voz del Bautista, de esta manera su orgullo lo lleva a menospreciar a tal punto la voz de Dios a través del Bautista, finalmente su pecado lo lleva más lejos de lo que esperaba debido a su actuar irreflexivo y pasión descontrolada, terminando por acallar la voz de Dios, por esto es que al enfrentarse a Jesucristo (Lucas 23:6-12) este no responde ante sus insistentes preguntas, pues si no escuchó al enviado de Dios para su vida tampoco escucharía a Jesucristo.

CORRIENDO TRAS NUESTRAS PASIONES

Cuando actuamos abiertamente buscando desobedecer la Palabra de Dios, acallando la voz de Su Espíritu Santo para abrazar nuestras pasiones carnales, estamos acallando Su voz, y en el momento menos pensado este menospreció nos puede llevar a una vida espiritual vacía, seca y lejos de la voz de Dios.

Por el contrario, tenemos el ejemplo de humildad del Rey David, el texto de 2 Samuel 24 dice así “Pero después de haber censado al pueblo, David se sintió muy apesadumbradoy fue a decirle al Señor: «He cometido un grave pecado. Te ruego, Señor, que perdones a este siervo tuyo por haber sido tan necio.»” Otra versión dice “su corazón le golpeaba”. Por lo que a continuación de sentir en su corazón una especie de “golpe” o “pesadez” reconoció inmediatamente que esto provenía de Dios y en lugar de llenarse de excusas inmediatamente sus palabras fueron: “he pecado gravemente al hacer esto….”

Pidamos a Dios no endurecernos como Herodes y que por el contrario David sea nuestro ejemplo de humildad ante Dios, para así reverenciemos su nombre por Su perdón y misericordia cada día en nuestro caminar cristiano.

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