Por Daniela Castro

Dentro de la contingencia nacional, hemos observado gratamente los enormes avances que hemos tenido este último tiempo en la lucha por los derechos de la mujer, la concientización de la población en relación a la realidad de la violencia sexual hacia la mujer y hasta la sanción legal y social de las conductas que rebajan la dignidad de la mujer a un mero objeto sexual. Sin embargo, observo con preocupación la falta de iniciativas que estén dirigidas a la prevención, que miren las causas profundas de estos tristes fenómenos, y se enfoquen en entregar una mejor educación sexual a nuestros niños y jóvenes.

Todas las conductas de violencia sexual hacia la mujer tienen un trasfondo común, y es que no reconocen la dignidad intrínseca del ser humano, utilizando a la mujer como un mero objeto de placer. Hemos visto que algunas campañas de gobierno o iniciativas municipales de “educación sexual” exacerban la importancia de la búsqueda de placer, restando importancia a su ámbito unitivo (subordinado a una relación de amor) y enfocando la prevención únicamente al uso de preservativo (para evitar ETS y embarazo no deseado). Este tipo de enfoques perpetúan la visión del otro como “objeto de placer sexual” y no ayudan a los adolescentes ser dueños de su propio impulso sexual, y de ver el acto sexual en su dimensión más plena: dentro de una relación de amor maduro.

Especialmente preocupante es la negligencia que se ha tenido en relación a la prevención de la pornografía, que es (comprobado científicamente) una de las principales raíces de la violencia sexual hacia la mujer (1).

Es tristemente aleccionador el ejemplo de Theodor Robert Bundy, proveniente de una familia funcional, graduado en psicología y abogacía, con unos prometedores pasos en la carrera política, pero que, al ser ejecutado el 24 de enero de 1989 en la silla eléctrica de la prisión del estado de Florida, dejaba tras de sí 31 mujeres estranguladas y violadas, luego de haberlas sometido a la tortura y al horror.

Antes de enfrentar la muerte hizo declaraciones que nunca deberían olvidarse: “a los 12 o 13 años comencé a encontrar material pornográfico en los negocios, y me convertí en un adicto obsesionado. Mientras fui creciendo, mi adicción me llevó a consumir material de violencia sexual. Finalmente llegó el punto en que nada de lo que viera me satisfacía. Pensé sobre esto durante casi un año… Entonces decidí dar el salto trágico de matar a una mujer. No podía creer lo que había hecho… Me sumí en una profunda depresión durante los próximos seis meses… Pero luego eso desapareció. La locura sexual regresó y maté nuevamente… esta vez el remordimiento fue menor… Ustedes me van a matar, y eso protegerá a la sociedad de mí mismo. Pero allí afuera hay muchas personas adictas a la pornografía, y ustedes no están haciendo nada” (2).

Lo más preocupante, es que esto sucedió antes de que la pornografía estuviese en internet. Con la era de internet (que empezó a llegar a los hogares en la década de los 90), la pornografía se ha masificado enormemente, estando presente en los hogares, teléfonos celulares, y teniendo características que antes no tenía (el grado de explicitación de las imágenes, oferta ilimitada, con contenidos cada vez más explícitos, fuertes y violentos, que ya no se observan en fotografías, sino en videos y transmisiones en vivo).

Las consecuencias de la pornografía son especialmente graves en la población adolescente, ya que no ha terminado de lograr la maduración cerebral (poseen un sistema límbico, en donde se encuentra el circuito de placer hiper-reactivo, y un sistema prefrontal, encargado del control de impulsos, inmaduro), y eso los hace especialmente vulnerables a generar conductas adictivas.

Cuando vemos, en las estadísticas, que la edad promedio de la primera exposición a contenido pornográfico sexualmente explícito es a los 11 años, nos preguntamos: ¿qué estamos haciendo para prevenirlo, y para educar e informar a nuestros adolescentes sobre sus riesgos?

El consumo de pornografía en el mundo se ha multiplicado en los últimos años y Chile no ha estado ajeno a este fenómeno; de hecho, el sitio Pornhub posicionó a nuestro país a principios de 2017 en el puesto número 38 de los lugares que más acceden a sus contenidos (el primer lugar dentro de Latinoamérica). Este aumento en el uso se condice con una menor percepción de riesgo en la población: El 96% de los adultos jóvenes promueven, aceptan o son indiferentes en cuanto a la pornografía (es decir que solo el 4% lo considera como algo nocivo e incorrecto). El 62% de los jóvenes y adultos jóvenes han recibido imágenes sexualmente explicitas de algún conocido (práctica cada vez más común en “grupos de whatsapp”). (3)

¿Cuáles son sus principales consecuencias dañinas?

1.     Tiene un fuerte potencial adictivo:

La investigación científica ha encontrado que la pornografía opera en el cerebro de la misma forma que las drogas (llega al circuito dopaminérgico de recompensa en el sistema límbico), por lo tanto, tiene un alto potencial adictivo. De hecho, es mayor riesgo de adicción mientras menor es la edad de inicio de exposición a ella (por la inmadurez del sistema prefrontal, entre otras razones). (4)

2.     Influye en las percepciones y comportamiento de las personas:

Al igual que el proceso de “tolerancia”, en el circuito adictivo, los usuarios habituales de pornografía van necesitando ver contenidos más explícitos y más fuertes para lograr el mismo efecto de placer que antes (5). Muchos usuarios de porno se encuentran a sí mismos excitándose por cosas que antes les producían repugnancia o que van en contra de lo que creen que es moralmente correcto.  Y una vez que se empieza a ver actos sexuales extremos y peligrosos, comienza un proceso de normalización y des sensibilización frente a ellos (6).

El investigador Dolf Zillman, estudió los efectos de la habitualidad de la pornografía, y afirmó que los sujetos estudiados informaron no estar satisfechos con el material que ya les es familiar; necesitan material más raro, grotesco y desviado, incluyendo representaciones de sadomasoquismo y violación (7).

En relación a la violencia sexual hacia la mujer, la investigación también ha encontrado que en usuarios de porno degradante  aumentan las conductas dominantes y el comportamiento de acoso hacia las mujeres, así como también sienten menos compasión por las víctimas de violación (8). En un estudio, el 86% de los violadores convictos confesaron haber usado regularmente la pornografía, y 57% de ellos admitieron que trataron de revivir una escena pornográfica durante la violación (9).

3.     Afecta negativamente las relaciones de pareja:

La investigación ha encontrado que después de que  los hombres están expuestos a la pornografía, se califican a sí mismos como menos enamorados de su pareja que los hombres que no vieron porno (10).  Además de eso, otro estudio encontró que después de haber sido expuestos a imágenes pornográficas, las personas fueron más críticos de la apariencia de su pareja, la curiosidad sexual, rendimiento sexual, y las muestras de afecto (11). Con el tiempo, los que utilizan sistemáticamente la pornografía a menudo incluso pueden perder el interés en la búsqueda de amor por completo.  Frecuente uso de la pornografía se asocia con la sensación de cinismo en el amor, en general, menos confianza en parejas sentimentales, y con la sensación de que el matrimonio podría ser aprisionante (12).

4.     Alimenta el maltrato a la mujer y la esclavitud sexual:

La industria de la pornografía trabaja duro para mantener una imagen glamorosa, pero detrás de la cámara es una realidad de violencia, drogas y trata de personas.

Los actores porno se ven constantemente amenazados, abusados emocional y verbalmente por sus agentes y directores, que los obligan a hacer cosas que no quieren hacer.  “Estás siendo  visto como un objeto y no como un ser humano con un espíritu”, escribió Jersey Jaxin, una ex estrella porno que dejó la industria en 2007 (13). Otra ex estrella porno, Regan starr, cuenta su testimonio: “… La mayoría de las chicas empiezan a llorar porque se están haciendo mucho daño a sí mismas….  Yo estaba siendo golpeado y drogada… me sentía muy mal  y no se detuvieron.  Mantuvieron la filmación.  Les pedí que se apague la cámara y siguieron filmando” (14). Otros ejemplos del trato degradante que sufren las mujeres que participan en la industria pornográfica, se pueden ver en el documental “Hot girls wanted”, de Netflix.

La trata de personas es un negocio bajo tierra, por lo que las estadísticas reales son difíciles de conseguir.  Sin embargo, los hechos en los casos que salen a la luz son escalofriantes.  Por ejemplo, en 2011, dos hombres de Miami fueron encontrados culpables de pasar cinco años atrayendo a las mujeres en la trampa de la trata de personas.  Ellos ponían anuncios buscando modelos y, cuando las mujeres llegaban a hacer el casting, las drogaban, secuestraban, violaban, y hacían videos de estos actos, que vendían en las tiendas y las empresas de pornografía  en todo el país (15). “Los proxenetas y traficantes utilizan la pornografía para iniciar a sus víctimas en su nueva vida de esclavitud sexual”, dice la doctora Janice Shaw Crouse, ex representante de la ONU y el investigador principal en el Instituto LaHaye Beverley.  A través de la exposición a la pornografía, a estas víctimas son obligadas  a aceptar lo inevitable y aprender lo que se espera de ellas” (16).  En un estudio de 854 mujeres en la prostitución en nueve países, el 49% dijo que se había hecho pornografía con ellas mientras estaban en la prostitución, y el 47% dijo que habían sido forzadas  a hacer cosas que los hombres habían visto en el porno (17).

Casos como éstos son sólo la punta del iceberg;  muchos más como ellos existen, y para cada víctima descubierta, muchas otras sufren en silencio (18).

Como ocurre en todo sistema abusivo, los usuarios de la pornografía son los terceros involucrados que, pasiva o activamente, alimentan este círculo vicioso de violencia y degradación. Y aún más, todos los que somos capaces de darnos cuenta de este problema, prevenirlo, educar y concientizar a las personas que tenemos cerca (en especial los adolescentes) somos también terceros involucrados.

Ante este problema (al igual que el abuso sexual) es imposible mantenerse neutral: o nos involucramos positivamente o en nuestra pasividad lo estaremos perpetuando. Basta ver cómo está lleno de grupos de whatsapp que envían contenidos pornográficos como si fuese algo “divertido” o “neutro”.

Debemos generar una alta percepción del riesgo de este problema, y generar un control social sobre él. En Chile, nos ha ido bien con el tabaco, ya que todas las iniciativas que se han dado conjuntamente han provocado una mayor percepción de los riesgos del tabaco y como resultado han disminuido enormemente los índices de consumo (en especial en la población escolar). (19)

En los Estados Unidos (país más consumidor de pornografía en el mundo), hay buenas iniciativas que podemos consultar para obtener mayor información: Fundaciones iniciadas por jóvenes, que son a-confesionales y gratuitas, dirigidas a educar, prevenir y ayudar a las personas en relación a las consecuencias negativas de la pornografía, como: “Fight The New Drug” (www.fightthenewdrug.org)  o el NoFap Challenge (www.nofap.com).

Citas:

(1) T. Walter Herbert, “Sexual violence and American Manhood”, Hardvard University Press, 2002. / Philippe Bourgois, “Más allá de una pornografía de la violencia. Lecciones desde El Salvador”, Jóvenes sin tregua : culturas y políticas de la violencia / Francisco Ferrándiz (ed. lit.), Carles Feixa Pàmpols (ed. lit.), 2005, ISBN 84-7658-729-5, págs. 11-34 / Raquel Osborne, “¿Existe una relación causal entre pornografía y violencia?, Mujer, sexo y poder: aspectos del debate feminista en torno a la sexualidad”, 1990, ISBN 8460073661, págs. 63-90. / Primitivo de la Quintana López, “Pornografía y Violencia”, Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, ISSN 0210-4121, Nº 60, 1984, págs. 189-218.

(2) Boletín de la Liga por la Decencia, nº 144, abril de 1989

(3) Estadísticas pornografía en EEUU: internet-filter-review

http://www.toptenreviews.com/software/security/best-internet-filter-software/internet-pornography-statistics/

(4) Todd Love & Cols; “Neuroscience of Internet Pornography Addiction: A Review and Update”; Behavioral Sciences (Basel). 2015 Sep; 5(3): 388–433. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4600144/ / Patrick Carnes, Ph.D. “Out of the Shadows. Understanding Sexual Addiction”, 3rd. edition, Hazelden, Center City, Minnesota 2001.

(5) Todd Love & Cols; “Neuroscience of Internet Pornography Addiction: A Review and Update”; Behavioral Sciences (Basel). 2015 Sep; 5(3): 388–433. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4600144/

(6) Patrick Carnes, Ph.D. “Out of the Shadows. Understanding Sexual Addiction”, 3rd. edition, Hazelden, Center City, Minnesota 2001.

(7) Dolf Zillman and Jennings Bryant, “Pornography, Sexual Callousness, and the Trivialization of Rape”, Journal of Communications 32(1982): 15.

(8) Barak, A., Fisher, W. A., Belfry, S., and Lashambe, D. R., “Sex, Guys, and Cyberspace: Effects of Internet Pornography and Individual Differences on Men’s Attitudes Toward Women”.  Journal of Psychology and Human Sexuality 11, 1: 63–91; (1999).

(9) Cf. Diana Russell, Against Pornography: The Evidence of Harm, Russell Publications, 1993, p. 147.

(10) Bridges, A. J., “Pornography’s Effect on Interpersonal Relationships”. In J. Stoner and D. Hughes (Eds.), The Social Costs of Pornography: A Collection of Papers (pp. 89-110). Princeton, NJ: Witherspoon Institute. (2010).

(11) Burns, R. J., “Male Internet Pornography Consumers’ Perception of Women and Endorsement of Traditional Female Gender Roles”, Austin, Tex.: Department of Communication Studies, University of Texas, p. 11, (2002).

(12) Zillmann, D., “Influence of Unrestrained Access to Erotica on Adolescents’ and Young Adults’ Dispositions Toward Sexuality”.  Journal of Adolescent Health 27, 2: 41–44, (2000).

(13) Lubben, S. Interview with “Jersey Jaxin,” https://www.shelleylubben.com/former-porn-star-jersey-jaxin-story

(14) Amis, M. (2001). A Rough Trade. The Guardian (U.K.), March 17.

(15) U.S. Department of Justice. (2012). Two Men Sentenced to Multiple Life Sentences for Enticing Women to South Florida to Engage in Commercial Sex Acts and Distributing Date Rape Pills. Press Release, Feb. 17.

(16) Crouse, J. S. (2008). Pornography and Sex Trafficking. Statement at the National Press Club. Washington, D.C., May 19.

(17) Farley, M. (2007). Renting an Organ for Ten Minutes: What Tricks Tell Us about Prostitution, Pornography, and Trafficking. In D. E. Guinn and J. DiCaro (Eds.) Pornography: Driving the Demand in International Sex Trafficking (p. 145). Bloomington.

(18) Peters, R. W., Lederer, L. J., and Kelly, S., “The Slave and the Porn Star: Sexual Trafficking and Pornography”. In M. Mattar and J. Braunmiller (Eds.) Journal of Human Rights and Civil Society 5: 1-21. 2012.  / Vanessa Casado Caballero, “La trata de mujeres con fines de explotación sexual: La globalización de la violencia de género”, Logros y retos: Actas del III congreso universitario nacional “Investigación y género”. Coord. por Isabel Vázquez Bermúdez, 2011, ISBN 978-84-936484-3-5, págs. 253-273. / Patricia Ravelo Blancas, “Cuerpos marcados por la violencia sexual. Niñas y mujeres jóvenes migrantes en la frontera norte”, Sociológica (México), ISSN 0187-0173, Vol. 32, Nº. 91, 2017 / Carnes, David Delmonico, Elizabeth Griffin y Joseph Moriarity, “In the Shadows of the Net”, Hazelden, Center City, Minnesota 2001.

(19) SENDA, SENDA, “Serie Estudio de Drogas en la Población Escolar”, 2011. En: http://www.senda.gob.cl/observatorio/estadisticas/estudio-nacional-drogas-escolar/

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