Por Cornelia Hernández de Matos 

“¡Doctora, necesito un método para bloquear el deseo sexual de mi esposo! … ¡Tengo un esposo maravilloso, no podría pedir más, no entiendo por qué me quiere tanto, sin embargo, me siento muy mal con él, él merece una mujer mejor que yo. La intimidad sexual es una tragedia para mí, ¿no existe algún método para bloquear el deseo sexual de él? ¡Si consiguiera eso tendría una vida feliz!”. Esas fueron las palabras de una joven esposa desesperada. Ella había sido abusada sexualmente desde pequeña durante años, y por hombres cercanos a la familia… algunos pertenecientes a su iglesia.

El abuso sexual deja huellas profundas que desvirtúan el valor de las personas, ensucia la belleza de la identidad sexual dada por Dios, y altera la percepción de la intimidad sexual. No hay manera en la que esto pueda ser justificado. En este mundo caído, la frecuencia de abuso de toda índole va en aumento, y el abuso sexual no es la excepción. Por el contrario, con la avalancha de erotismo y pornorafía que satura los medios, es cada vez más frecuente. Somos parte de una sociedad desensibilizada con respecto al diseño original de la sexualidad dada por Dios.

El sexo fue creado por Dios como un regalo para el hombre y la mujer en el contexto único del matrimonio, y aun dentro del matrimonio debe ser realizado de una forma pura: “Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin deshonra, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

¿Qué es el abuso sexual?

El abuso sexual se refiere a cualquier acción que presiona u obliga a alguien a hacer algo sexualmente que no quiere hacer. También puede referirse al comportamiento que afecta la habilidad de la persona de controlar su actividad sexual o las circunstancias bajo las cuales ocurre la actividad sexual.

Algunos ejemplos de agresión sexual y abuso son:

  • Besos o caricias no deseadas.
  • Actividad sexual brusca o violenta no deseada.
  • Violación o intento de violación.
  • Negarse a usar preservativos o impedir que alguien acceda a métodos anticonceptivos.
  • Impedir que alguien se proteja contra enfermedades de transmisión sexual (ETS).
  • Tener contacto sexual con alguien que está muy borracho, drogado, inconsciente o que por cualquier otra razón es incapaz de decir “sí” o “no” de manera clara y con conciencia.
  • Amenazar o presionar a alguien para hacerle tener una relación sexual que no desea tener.
  • Usar repetidamente insultos sexuales con alguien.
  • Obligar a otro a la exposición o creación de material pornográfico.

Según las estadísticas de UNICEF, las niñas están más expuestas a ser víctimas de abuso sexual que los niños (3 de cada 4); además que la edad promedio en que sufren abuso es de 8.5 años. “Literalmente millones de niños son víctimas de esta forma de abuso. De acuerdo con los estudios, el 25 por ciento de las mujeres adultas y el 10 por ciento de los hombres adultos recuerdan haber sido abusados sexualmente cuando eran niños o adolescentes. La mayoría de estos casos ocurren entre los ocho y doce años de edad. Aunque la mayoría de menores que sufren de abuso sexual son niñas, los varones también son víctimas”[1].

El abuso sexual ocurre también en adultos, incluyendo entre personas casadas. Muchas mujeres reportan vivir experiencias sexuales con sus esposos bajo abuso, chantaje, amenaza y/o manipulación; y es más doloroso aun cuando el reporte es entre creyentes.

Las personas abusadas sexualmente presentan secuelas que pueden ir desde la evitación de formalizar relaciones de pareja hasta disfunciones sexuales y depresión. El espectro es amplio y varía según cada caso. Lo cierto es que, aunque pase el tiempo, la herida por sí sola no sana.

A veces pienso que es como un lindo pastel de bodas: lo ves delicado, hermoso, con tantos detalles, cada cosa en su lugar. Te imaginas el relleno, la textura de la masa, pero no la ves. Anticipas que será delicioso, pero de repente ¡ocurre un imprevisto y el pastel cae al suelo! Se destruye, se deforma, ya nada está en su lugar, nadie desea probarlo. ¿Qué hacemos? ¡Si existiera un pastelero que pudiera arreglarlo!! ¡Ese pastel ya no sirve!

En el caso de una persona abusada, sucede algo parecido. Pero puede tener otro final.

Fui abusada, ¿qué hago?

Si has sufrido algún tipo de abuso sexual debes buscar ayuda.

Con frecuencia es difícil abrir este tema. Es tan íntimo, personal y doloroso, y muchas a veces piensan que es preferible ignorarlo.  Sin embargo, el dolor escondido es dañino, te paraliza. Si estás leyendo esto y te has sentido identificada, tengo buenas noticias para ti.

Puede que te suene simplista, pero esta es la realidad: En Dios siempre hay esperanza. A través del sacrificio de Cristo en la cruz, tenemos redención y vida nueva. Dios es poderoso para restaurar lo dañado y renovar tu vida. 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas”. Dios es fiel en cumplir su palabra: la pregunta es si tú estás en Cristo, porque si perteneces a Él, ya tienes vida nueva y la oportunidad de restauración en Él.

Si aún no le conoces, quisiera animarte a acercarte a Él. Solo Él puede darte la esperanza que necesitas y solo Él puede sanarte: “Sáname, oh Señor, y seré sanado; Sálvame y seré salvado. Porque Tú eres mi alabanza” (Jeremías 17:14). Corre a sus brazos hoy. 

La bendición que tenemos en Cristo es tal que no solo nos sirve para la vida venidera, sino que ahora, en medio de nuestro dolor y cualquier situación, Él nos entiende mejor que nadie: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotrospero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna” (Hebreos 4:15-16).

Como mencioné más arriba, este es un tema muy sensible y difícil de abrirlo a otros. Sin embargo, es conveniente que te acerques a alguien que pueda acompañarte en el proceso de sanidad. Debes romper el silencio. No pienses que el silencio –el evadir el tema– hará que con el tiempo desaparezca. Por el contrario, se acumulan otras complicaciones.

Es recomendable que hables con una mujer adulta piadosa, que tenga habilidades de consejería, que conozca la Palabra y con toda confidencialidad te guíe en este proceso. No es necesario que otras personas lo sepan. Sin embargo, si el abuso está ocurriendo en el presente, es necesario reportarlo a las autoridades, tanto de la iglesia como a las civiles.

El rol de la iglesia

Es importante que no perdamos de vista el rol que jugamos como iglesia y familia cristiana para la prevención del abuso sexual en todas nuestras áreas de influencia. Cuidar los niños, jóvenes y aún adultos de posibles abusos es también ser luz en este mundo oscuro. Ser intencionales en todo lo que consumen nuestros hijos, ofrecerles educación sexual adecuada a su edad, facilitarles un espacio de confianza para hablar de estos temas, acompañar a los padres que inician la crianza en cómo manejar estos temas, ser modelos congruentes del trato respetuoso entre el hombre y la mujer tanto en la iglesia como en casa, y ofrecer un espacio seguro de apoyo a víctimas de abuso y asistencia a victimarios son labores del ministerio de la iglesia. También, como ya mencioné, es importante que la iglesia colabore con las autoridades a la hora del reporte de abuso sexual, mientras protegemos y aconsejamos a las ovejas a nuestro cargo.

En medio de un mundo deforme, donde los valores están invertidos y se pretende minimizar las consecuencias del pecado, la iglesia está llamada a ser sal y luz. La iglesia de Cristo es portadora de la única esperanza para la humanidad: Cristo Jesús, el verbo encarnado. Que Dios nos ayude a ser fieles a nuestro llamado de ser entes de reconciliación y estar prestos a consolar y restaurar a nuestros hermanos.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios”, 2 Corintios 3-4.

Tomado de Gospel Coalition

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *