Antes de llegar a Libres en Cristo, había caminado con el Señor por 20 años aproximadamente, vivía una vida normal, era seminarista del seminario teológico Presbiteriano Jose Manuel Ibañez, ademas participaba en varios ministerios en mi iglesia local, predicaba en ella y predicaba en 2 iglesias mas. Ademas era candidato al pastorado, pero eso era mi vida publica, porque en mi vida privada algo muy distinto ocurría, desde los 11 años de edad fui un consumidor de pornografía, pero en los últimos años me convertí en un adicto, una persona que ya no tenía control sobre este pecado en particular.

Vivía con una careta, por muchos años aparenté ser un buen cristiano, incluso moralista que de la boca para afuera odiaba la pornografía, pero en mi interior me consumía lentamente.

A mis 36 años en un grupo de hombres en un encuentro de todas las iglesias presbiterianas, hubieron instancias para hablar de varios temas, el último de ellos era acerca de la pureza sexual. El Señor venía confrontándome con mi pecado hacía mucho tiempo, un poco más de un año, venía preparando mi corazón para finalmente explotar en este encuentro de Hombres. Delante de 8 hermanos en la fe, hice mi confesión pública acerca de lo que me estaba matando lentamente, hasta ese momento cargué con mi pecado solo, ahora compartí la carga con otros hermanos. Pero aun venía la parte más difícil, confesarlo a la mujer que más amo, mi esposa.

En ese encuentro conocí a Juan Pablo, un hermano que me habían referido, que también había pasado por el mismo problema, adicción a la pornografía, el amablemente me dijo que había un ministerio llamado libres en Cristo, que ayudaban a abandonar la pornografía y me dijo que podía tomar un curso.

Llegué del encuentro ese mismo día, con el temor y la preocupación de confesar mi pecado en casa, senté a mi esposa y le dije: “siempre has querido saber quién soy, ahora me conocerás tal cual soy”, después de una hora y media de confesión, en donde destroce el corazón de la persona que amaba, pude sentir cierto alivio al quitarme la careta, pero empezaría mi calvario, debía hacerme responsable de lo que mi pecado había sembrado.

Esa misma noche escribí una carta para mis pastores explicándole la situación, confesando mi pecado, y la necesidad que tenia de que me ayudaran. Terminada la carta, la envié, y entre a la página de Libres en Cristo, hice el test de prueba y mi resultado fue lapidario, totalmente adicto a la pornografía, en ese momento enfrente mi realidad. Siempre pensé que no era grave, pero la realidad era que me estaba quemando y no me había dado cuenta, me estaba pudriendo y aun no sentía el hedor del pecado. En la iglesia donde soy miembro, consideraron que era mejor que hiciera un paso al lado en todo lo que participaba, incluso mi candidatura al pastorado se congeló, así que di un paso al lado y salí de todas mis responsabilidades ministeriales.

Empecé una carrera, con mucho temor, mi pensamiento era que no era capaz, que volvería a lo mismo de siempre, porque siempre mis esfuerzos por salir de la pornografía terminaban en un atracón incontenible de material pornográfico. Pero la primera lección fue fundamental en mi vida, hacer todo para la gloria de Dios, eso cambio todo en mi, eso me mantuvo firme en esos primeros días de abstinencia. No fue fácil, pero el apoyo de Juan Pablo, mi amigo del encuentro de hombres, fue fundamental, en ese tiempo experimenté muchas emociones, tristeza, culpa, temor, fueron los primeros días un carrusel de emociones, en donde lo característico era estar triste y con culpa.

A través de este curso pude ordenar todo lo que había aprendido en años de cristianismo, pude aplicar de forma ordenada toda la teología que había aprendido en el seminario. El curso fue como el evangelio aplicado a mi problema, cosa que antes no había hecho de forma intencional. En este curso pude cambiar de mentalidad, a través de los muchos testimonios que leí.

Me di cuenta de que si es posible, si se podía salir de la pornografía, mediante este curso pude reconocer mi pecado. Lo que fue fundamental en la lucha, hoy no tengo ni temor ni vergüenza en decir que estuve esclavo al pecado de inmoralidad sexual, pero que Cristo me libertó. Mi capacidad de expresar ideas de a poco ha ido volviendo, ahora pienso las cosas antes de decirlas, estoy un poco más cauto, mis hábitos de sueño cambiaron, ya no estoy despierto hasta altas horas de la noche, las películas que veo las examino, o lo que escucho, ya no tomo las cosas a la ligera. Mi matrimonio ha mejorado un poquito, he ido ganando la confianza nuevamente de mi esposa, pero mi oración es que cambie mucho, y que sea para la gloria de Dios.

Ahora que completé el curso, puedo decir que me siento bien, mi mente no esta con ansiedad, ni me pide como al principio que consuma pornografía, ya no la escucho pedir pornografía, hoy estoy tranquilo, descansando en las verdades profundas del evangelio y no en las mentiras de satanás

Hoy agradezco a Dios todo el dolor pasado en este proceso, agradezco por todas las personas que el puso, las que me ayudaron y las que no, agradezco los desprecios y los abrazos, porque todo ello lo uso Dios para su gloria, para sanar mi corazón, para que en este proceso entendiera quien soy, de donde vengo, y para donde voy. Este tiempo de limpieza fue un redescubrirme, entender como mis heridas del pasado calaron en mi futuro.

Caminar en libertad y bien con Dios es lo mejor, sin caretas, sin borrar el historial del teléfono, sin borrar el historial del computador, no tener miedo de prender el computador y se te haya quedado una página abierta con material pornográfico. Vivir sin la culpa de estar fallándole a Dios, a tu esposa, a tus hijos, sino que estas luchando por obedecer a Dios y luchando por amar a tu familia y que todo este esfuerzo vale la pena, porque queremos honrar y glorificar a aquel que dio su vida por nosotros, a Jesucristo.

5 comentarios sobre “A MI NADIE ME LO CUENTA, ESTO LO VIVÍ YO: CRISTOBAL JELDREZ C.”

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