La vergüenza con la que les cuento esto es grande, y es algo que me ha deprimido por mucho tiempo. Bueno, comencé a ver pornografía y a masturbarme a muy temprana edad. Mi madre falleció a corta edad. Deduzco que una de las causas de mi iniciación en la pornografía y la masturbación fue la inmensa soledad que sentía. Fue como el cigarrillo, un mal que también probé a poca edad. A la larga, todo llevaba a lo mismo: querer llenar un vacío que no podía llenar con esos placeres tan fugaces.

Pude dejar el cigarrillo gracias a buenas amistades. Pero no lograba dejar la pornografía ni la masturbación. Yo quería librarme de ello porque me hacía infeliz y me volvía demasiado desdichado. Había veces que sentía que sólo podía refugiarme en ella cada vez que experimentaba la timidez, porque era algo que podía ocultar. Pero, como dicen, el diablo solo te ofrece apariencias, momentos de placer fugaces, a cambio de tu alma. Yo me hundía cada vez más en una vida llena de estiércol. Parecía un drogadicto, daba pena, ¡no podía alejarme ni un día de ella!

La pornografía y la masturbación deformaron totalmente mi mente. Cuando comencé a entablar amistad con mujeres sólo las veía como “carne”, nada más. Me era imposible crear un lazo de amistad duradera sin ver a la mujer como un león mira a su presa. ¡Me daba pena a mí mismo!, hasta que vi una luz en mi vida: conocí a Cristo. Él me levantó del fango, me limpió, y me ayudó a liberarme de aquella esclavitud en la que había caído. Gracias a Él, mi vida cambió. ¡Él me alegró la vida! Ahora me doy cuenta en cuanta oscuridad viví, aunque también descubro muchas otras cosas como mi orgullo, vanagloria y soberbia.

Claro que todo fue un proceso, no sucedió de la noche a la mañana. ¡Es cuando creía que ya estaba fuerte cuando más duro caía! Pero con la ayuda del Señor, de mi guía de grupo y de buenos amigos he podido superar poco a poco aquella “adicción”.

Luego de mucho batallar ahora les puedo decir que ¡nunca he estado tan feliz en mi vida como lo estoy ahora! Hoy hay en mí felicidad y paz interior, me siento limpio, y ya no sufro de aquella terrible desesperanza en la que tantas veces me hallaba.

Espero que este testimonio sirva a quienes están pasando por la misma desesperanza o lucha que yo pasé, así como a mí me han servido muchos testimonios, me abrieron demasiado los ojos haciéndome ver muchísimas cosas que quedarán para siguientes testimonios. 

Mis felicitaciones a La Opción V, sigan en este empeño de difundir la pureza entre los jóvenes, en verdad ¡mueve corazones! 

D.A., 18 años, Ecuador

Testimonio extraido de la opcionV.

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