Bienvenido de nuevo al podcast Ask Pastor John. Una vez más, hoy vamos a tratar un tema sensible que no es adecuado para los oyentes más jóvenes. Y, por desgracia, esta es una pregunta que recibimos con frecuencia —mucho más de lo que piensa, Pastor John— alrededor de 30 veces a lo largo de los años. Viene en ocasiones de parte de hombres, pero sobre todo de mujeres perplejas. Recientemente, la pregunta vino de un oyente anónimo que simplemente se pregunta: “Pastor John, ¿es pecado ver pornografía con mi esposo antes del sexo?”

Sí lo es. Es pecado. Y es un pecado repugnante. Y lo que lo hace tan repugnante es que, en ese momento tan sagrado —me pregunto si este oyente siquiera tiene un concepto de la sexualidad sagrada— en ese momento sagrado, la corrupción está abundando en tres direcciones: hacia Cristo, hacia el cónyuge (que supongo es una esposa aquí a quien se le pide hacerlo) y el matrimonio, y hacia las personas en la pornografía. En otras palabras, la perversión está sucediendo en tantas direcciones en la mente que lleva esas imágenes pecaminosas por toda la vida, día y noche. Este acto de unión sexual entre marido y mujer es la cúspide de los placeres conyugales que representan los placeres puros y santos entre Cristo y su Iglesia. Ese es el significado de la relación sexual.

Cuando la Biblia dice: “Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Efesios 5:25), es inconcebible que los placeres que Cristo tiene hacia la Iglesia se despierten y sean estimulados por imaginarse a una prostituta. Este acto de unión sexual conyugal es una de las expresiones más intensas del significado del matrimonio; la verdad de las palabras —y me refiero a las palabras habladas, es mi oración, en el abrazo sexual con tus ojos a seis pulgadas de los suyos— “A ti te elegí por encima de todos los demás. Solo en ti tengo un banquete de placer puro e inmaculado. No tengo ojos para más nadie que tú. Yo no corro detrás de otras mujeres en mi mente o en mi cuerpo. Estoy totalmente dedicado a ti con mi mente, mis ojos, y mi cuerpo. Tú eres la única en la cual me complazco”. Eso es el matrimonio. Así es como el Señor Jesús se relaciona con su novia. Eso es lo que usted promete en el altar. Jesús no tiene ojos para ninguna otra.

¿Qué dice acerca de Cristo y de su amor a su Iglesia si usted alimenta el momento de la unión más dulce y más pura con el veneno de la comida putrefacta del pecado sexual pornográfico? Y no se equivoque, la realización y el rodaje de los actos pornográficos es pecado. Lo que están haciendo es pecado. No están actuando para la gloria de Dios cuando usted los mira. No están actuando de acuerdo al evangelio. No están buscando la santidad sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). No están actuando desde una fe en Cristo, y todo lo que no proviene de fe, es pecado (Romanos 14:23). Ellos no están matando lo que es terrenal (Colosenses 3:5), ni están poniendo sus mentes en Cristo y en las cosas de arriba (Colosenses 3:1-2). Ellos no están inspirando justicia y pureza y amor abnegado en nadie. Ellos están modelando una complacencia egoísta, la servidumbre a la carne, la rebelión contra Dios, y el deseo de arrastrar a la mayor cantidad de personas hacia su pecado. Y este es el vino que usted bebería para resistir en el acto sagrado de consumación de los placeres conyugales más puros y que más gloria le dan a Cristo.

No sé si usted que hizo esta pregunta es un marido o una esposa. Es difícil imaginar que una esposa inste a esto a su marido. Por lo tanto, permítame decir al hombre: Este es un gran insulto a su esposa. Marido, si ha tentado a su esposa, si la engatusó, atrajo, persuadió, y la sedujo a este engaño pornográfico de amor conyugal, debería avergonzarse. Debería arrepentirse ahora a Dios, y debería decirle cuánto lamenta contaminar algo tan puro, tan tierno, tan profundo, tan santo con algo tan vil. Y sí, usted debería decir “vil”. Usted necesita tener una palabra como “vil” en su vocabulario. Ella no es honrada por esta práctica. Ella es degradada. Y un marido que insiste en esto actúa como un animal, no como un marido.

Así que sí, esto es un pecado, un pecado repugnante. Repugnante, ya que blasfema a Cristo como si Él necesitara el pecado como ayuda para amar a su novia, porque celebra la enfermedad y el pecado de la industria de la pornografía, y porque insulta la preciosidad del corazón y el cuerpo de una mujer cuya alma debería cuidar y nutrir por encima de todas las demás.

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN DESIRING GOD. TRADUCIDO POR MARKOS FEHR.

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