En el principio, Dios creó a Adán y a Eva a imagen y semejanza de la Trinidad:

¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza! […] Y Dios creó al hombre a su imagen. Lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.
Génesis 1:26-27, RVC

Dios quiso hacer a un ser viviente terrenal que reflejara la imagen del Dios celestial. Por lo tanto, así como Él es más de una persona en una, quiso crear al hombre como una composición de más de una persona en una.

Cuando Dios los mandó a que se juntasen sexualmente y los bendijo, logró su propósito de unir a más de una persona en una en amor y por amor. De ahí que diga que la sexualidad es uno de los componentes más espirituales que tiene el ser humano. Cuando se practica en el marco de la santidad y la pureza, la sexualidad nos ayuda a crecer de manera espiritual y ayuda a madurar la relación matrimonial entre un hombre y una mujer.

Por todo lo anterior es que Satanás, históricamente, ha ido en pos de nuestra sexualidad. Si logra pervertir lo que una vez fuera puro en nosotros, dañará nuestra imagen de Dios y nos separará cada vez más de ser semejantes a Él. Satanás ha tratado y siempre tratará de robarnos nuestra vida sexual tanto en lo individual como a nivel matrimonial.

El libro del Génesis nos muestra cómo se afectó la psicología y la fisiología de la relación sexual de aquel primer matrimonio tan pronto el pecado entró a sus corazones: La vergüenza sexual que no existía, la multiplicación de los dolores de la preñez, los dolores del parto y la reducción del deseo sexual en ella mientras que a él se le aumentó, creando una disparidad de libido que, al parecer, no existía en el principio (lee Génesis 3:10-16).

La misericordia de Dios ha querido redimir esta consecuencia del pecado, la disparidad de la libido sexual, impartiéndole al hombre la responsabilidad de ejercer el dominio sobre su propio cuerpo y llamándole a canalizar esa fuerza orgánica amando a su esposa en integridad y honor. Ala mujer se le ha indicado que respete a su marido cumpliendo su deber conyugal, no negándosele sexualmente, pero asegurándose que su lecho sea sin mancilla.

Aquí es donde Satanás ha venido a robar y a destruir. Si logra separar el amor de la sexualidad, logrará deshumanizar a las personas convirtiéndolas en animales irracionales movidos por el simple placer carnal, utilizándose unos a otros solo por satisfacer esos deseos egoístas. De ese modo el sexo se convierte en un acto adictivo desvinculado de todo compromiso o pacto de fidelidad, se destruyen las relaciones que una vez fueron hermosas y se arruina una familia entera que sacrifica a unos hijos que ahora son víctimas de la irresponsabilidad de sus padres. Lo lamentable es que, en la mayoría de los casos, esta maldición se pasa de una generación a otra, a no ser que alguien detenga esta «bola de nieve».

Edwin fue precisamente esa persona. Después de experimentar las consecuencias dolorosas y vergonzosas que te sumen en la esclavitud de la pornografía y la infidelidad, decidió salir de ese estado. Aun cuando vivió la frustrante agonía de las recaídas, decidió perseverar hasta que encontró en Dios la salida definitiva que le devolvió su vida. Además, le devolvió a su esposa y a su familia, que ahora se le unen para decirle al mundo que sí se puede ser libre de la atadura de la corrupción sexual.

Qué privilegio tan grande es que un hombre que haya herido y defraudado a su familia, por causa de su vida pasada, hoy pueda presentar este libro donde su esposa y sus hijos también escriben junto a él reconociendo el milagro de liberación que se operó en la vida de este esposo y padre. El apoyo y el respaldo incondicional de su familia evidencian lo genuino de esta transformación. Asimismo, la plataforma de autoridad con la que escribe Edwin no solo se debe a que conoce el tema de manera amplia y profunda por la experiencia de haber vivido ese mundo, sino por la autoridad que le confiere su familia, satisfecha y confiada de su nueva vida de integridad.

Edwin, te felicito de todo corazón. Agradezco que Dios te haya levantado en nuestra generación para llevar un mensaje de esperanza para los que desde el pozo cenagoso de la pornografía y la infidelidad perdieron la fe de volver a ser puros. Confío que vas a cosechar con mucho gozo lo que con lágrimas sembraste.

Declaro que no solo esta generación será bendecida por este libro de grandes verdades que harán libres a los que tengan oídos para oír, sino que tocará también a otras generaciones futuras que se beneficiarán del valor que tuviste para hablar de este tema escabroso que pocos se atreven a tocar.

¡Gracias, Edwin! Bendigo tu transparencia y humildad…

Rey Matos
Pastor del Ministerio Cristiano Catacumba 5 Mayagüez, Puerto Rico

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