Por G.F. Blackberry

Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios,  Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

Lucas 8:1-3

Juana, fue una de las seguidoras de Jesús, nombrada dos veces en los Evangelios y cuya posición política derivada de la labor de su esposo le da un realce dentro de la sociedad aunque se sospecha también que venía de familia adinerada. Al indagar un poco más respecto a la vida de este matrimonio, su esposo Chuza, al ser intendente de Herodes Antipas, se relacionaba constantemente en un círculo nada piadoso y por el contrario, un ambiente lleno de crueldad, impureza, borracheras y vida sensual.

Cuando pienso en la vida real de una de las mujeres de la Biblia, sin sobreestimarla pero sabiendo que tuvo que enfrentar pruebas en su fe puestas por Dios mismo mediante la unión conyugal, Juana me logra esbozar la posición de una esposa cuyo norte estuvo firme durante el ministerio de Jesucristo en la tierra pese al ambiente al que estuvo expuesto Chuza y que por ende, pudo haber sido de influencia para los dos. 

Hace dos años el Señor, Dios, respondió de forma muy palpable a lo que sería una oración ingenua pero sincera de mi parte mucho tiempo atrás: “Padre, enséñame tu a ser cristiana, no quiero ir sólo los domingos a una iglesia o aparentar”. Eso, sin yo imaginarlo, significaría una transformación mediante el dolor ni siquiera físico, un dolor en el corazón.

Esta metamorfosis comenzó dentro del matrimonio de 3 años, siendo madre primeriza de una niña de 1 año y con la confesión de mi esposo de su pecado, aceptando que era adicto a la pornografía. A simple vista se lee como fácil de digerir, algo incluso posible de ser debatido meramente desde el intelecto, pero al enfrentar eso como mi propia realidad cambia todo el panorama y al igual que Juana, sería la ayuda idónea de un hombre rodeado por la inmoralidad sexual, a diferencia que en mi caso ambos somos cristianos y como el Todopoderoso obra de manera particular y hasta misteriosa en cada vida, plasmo en este ensayo los puntos de vista y aprendizajes que he tenido al respecto.

A grandes rasgos, he dividido esta experiencia en tres etapas:

1.- Proceso de confesión: cuando mi esposo me confesó su adicción a la pornografía quedé en shock y durante la primera semana no distinguía con certeza cuál debía ser mi posición o mi reacción ante esto.

Y a pesar de haber conversado lo que me pasaba con una hermana en Cristo, y ella haber hecho su mejor esfuerzo por guiarme bíblicamente pero sin haber atravesado por algún problema de este tipo con su esposo, hoy puedo concluir que ante la falta de recursos y en medio de la soledad fue el Espíritu Santo quien ha cumplido a cabalidad su función como consolador pero interesantemente también redarguyendo mi pecado.

Dentro de los puntos del calvinismo creemos en la depravación total del hombre, la afirmamos y sabemos que todos somos pecadores. En primer lugar, si tu esposo te da a conocer su pecado, inesperado por cierto,  ¿no debería ser un acontecimiento que te reafirme lo que Dios nos muestra en su palabra respecto a nuestra naturaleza caída?. Sin embargo es ahí, en un momento duro para la mujer, con dolor, incertidumbre y demás, en donde el hombre ya mostrándose tal cual es (también en un punto crítico para él) necesita a su ayuda idónea y no que ésta salga corriendo ante la adversidad.

Por otra parte, ¿te has preguntado a diario cuál es tu pecado?, pues mediante la muestra del pecado de mi esposo pude ver el mío y reconocer que tenía a la persona equivocada en el lugar de Dios. ¡Cuánto dolor el tener a tu compañero de vida considerándolo en lo práctico casi como sin pecado, digno de todo honor, desvivirse por ese falso ídolo y darte cuenta de la realidad!.

En esta etapa hay un factor que considerar y es que en Génesis 2:24 se nos dice que en el matrimonio pasamos a ser una sola carne, versículo que me permite entender que el pecado de mi pareja tuvo repercusiones en mi vida y es necesario reconocerlo, hablarlo con él en un momento adecuado y vivirlo llevándolo a los pies de la Cruz. Sin quererlo, en esta etapa mis ojos se abrieron al mismo pecado en el sentido de que algo tan simple y agradable como lo era antes caminar juntos por la calle pasó a ser complicado: ahora cada vez que paso caminando con mi esposo al lado y nos topamos frente a una mujer (que antes para era transparente para mi), me doy cuenta en ocasiones de cómo él la detalla con su mirada, especialmente por su figura, y eso me hiere profundamente.  

Al Dios haber destronado a mi esposo del lugar que sólo al Creador le pertenece, en mi mente se bajó la idealización de dicho hombre al punto que cuesta conectarme emocionalmente de nuevo con él y ahora mucho más en los días con actitudes ásperas de su parte. Reconozco que como mujer ya no me siento especial para mi esposo (de manera exclusiva), por más que él lo diga, cosa que antes de la confesión dicho  sentido era el más activo que tenía (el oído) sin embargo ahora las acciones pesan mucho más sobretodo si no son congruentes con sus palabras.

2.-Proceso de recuperación: lo difícil de transitar en medio de un tema tabú (adicción sexual) dentro de la iglesia y normalizado en el contexto secular es que se pasa por un periodo de inmensa soledad en el que con tu familia en Cristo se llega a sufrir aislamiento social y fuera de ella aminoran la gravedad de dicho pecado ya que es incluso una práctica común.

El afectado directamente en dicho aislamiento social es el adicto, quien pasa a ser el objeto de culpa, y para quien es incluso más cuesta arriba sobrellevar las consecuencias de su pecado debido a que la adicción a la pornografía se alimenta de ambas cosas ya nombradas: secreto y soledad. Sin embargo,  siendo yo la contraparte del adicto tampoco recibí apoyo más que la del mismo omnipresente Dios y pude nuevamente compartir esta lucha con mi esposo en el momento que entendí que esa hermana en la fe de la cual hablo en la etapa de confesión pasó de tratarme como amiga a una “paciente”, suceso que llevó a un distanciamiento en esta relación. 

Adicional a ello, puede que la mujer ya sea madre, cosa que podría complicarla ya que buscará velar por el bien de sus hijos y cómo abordar este tema si ni siquiera ella puede manejar el dolor en su corazón.

Hoy entiendo que realmente es muy difícil empatizar si tu o tu esposo no ha atravesado por una adicción, al menos que sea Dios dándote un corazón que te permita llorar con los que lloran. El terreno algo peligroso para la mujer sería la tendencia a buscar una amiga cuyo apoyo consista en recargar la culpa en el hombre, lo cual no contribuye para nada en el proceso de perdón y apoyo matrimonial.

Otro aspecto importante a considerar en esta fase, es que podría existir un abuso de poder de parte del hombre hacia ti respondiendo al efecto en el cerebro  de la “droga” que aún lo afecta aunque esté en el periodo de abstinencia y algunas mujeres reaccionamos a esto con el buscar controlar, siendo que el “control” es un detonante de emociones para ellos. 

3.-Proceso de estabilidad: considero que no hay fórmula mágica en esta etapa tal cual no existe para el llevar un matrimonio ya que esto dependerá de muchos factores: crianza, relación de cada uno con sus padres, personalidad, traumas, cosmovisión, etc. En uno de los cursos que realicé hablaban constantemente acerca de imponer límites ante el cónyuge, y en efecto, esto ayudará a guardar tu corazón sobre todas las cosas (proverbios 4:23), y considero es muy importante en cosas como definitivamente tu no ser partícipe en alimentar el pecado,  pero el amor no está condicionado (1 Corintios 13:4-8) y son justamente estos los momentos en que entrenamos en confiarle nuestras más duras cargas a Jesús.

Por otra parte si le entregamos nuestro pesar a nuestro Dios y entendemos su soberanía, ya en esta última fase que durará toda una vida de perfeccionamiento hasta que él vuelva (Filipenses 1:6), es necesario estar dispuesta a hacer la voluntad de Dios: sea divorcio, separación, restauración, etc pero este discernimiento sólo se consigue de rodillas, con un corazón contrito.

Culmino con dos grandes enseñanzas que nos deja Jesucristo:

*Negarte a ti mismo: pensar cómo se siente el otro y poner en oración todo lo que vamos experimentando tal cual lo hacía Jesús en la intimidad con su padre, en la que se retiraba a orar.

*Actitud de respuesta frente a las tentaciones: seguirás caminando por un camino en ocasiones escabroso, satanás estará a la espera de usar los recursos que tenga a mano para entristecerte, los “flashbacks” temores e inseguridades propias de la época en que desconocías la adicción volverán, y probablemente sientas que esta lucha nunca terminará pero estamos llamados en medio de todo ello a ser luz y sal para el mundo, Jesucristo ya venció en la cruz a Satanás y recordando a Job  ¿recibiremos lo bueno y no lo malo?  (Job 2:10).

Aún oro para que el Señor me permita vivir constantemente dentro de su gozo indescriptible y entiendo que si en la escritura se nos compara a los cristianos como soldados, estaremos en constante entrenamiento y esto nos ayudará también a llorar con los que lloran, ejemplo que sin duda lo tenemos en nuestro maestro. 

Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.

Romanos 12:12

Un comentario sobre “AFRONTANDO MI PECADO POR LA ADICCION A LA PORNOGRAFIA DE MI ESPOSO”

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