Uno de los problemas más grandes de los que padecí en mi vida era querer complacer a la gente. Mi predisposición hacia ese mal facilitó toda clase de pecado en mi vida, haciendo todo para ser visto y aprobado por las personas. Cuando recibía la aprobación de la gente me sentía demasiado bien; cuando no recibía eso, me sentía miserable y me resguardaba en la impureza, la glotonería, borracheras, y muchas otras cosas para que mi carne herida tuviera algo de comodidad.

Eventualmente, y gracias al poder de la cruz, Dios me liberó del miedo al hombre y del querer complacer a la gente. Estoy muy emocionado de compartir esta buena nueva con ustedes el día de hoy.

Pablo escribe en Gálatas 1:10: Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo”.

Este verso nos dice la motivación que Pablo tenía cuando perseguía a la iglesia. Él estaba tratando de complacer a la gente. Todo lo que Pablo hacía en la religión era para ser visto por el hombre, ser reconocido ante otros y tener la aprobación de Dios.

Y este deseo de complacer a la gente lo llevó a perseguir en grande a la iglesia de Dios. El pecado conlleva a más pecado y nos atrapa con sus fuertes garras. Pero el evangelio de Jesús cambia ese ciclo enteramente. El evangelio nos libera del querer complacer a la gente y de todos los pecados que lo acompañan.

La muerte y la resurrección de Jesús prueban que Jesús removió nuestro pecado y nos hizo agradables a Dios. Saber que Dios me acepta, quita mi necesidad de complacer a las personas. Cuando sé que soy aceptado por Dios, mi deseo de ser aceptado por los demás se apaga.

¿Sabes que como creyente estás complaciendo a Dios en este momento? Puede que estés tropezando en esta vida, quedándote corto como todos lo hacemos, pero Dios te ve a través de Jesús, y por ende, Dios os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él, 23 si en verdad permanecéis en la fe bien cimentados y constantes, sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído” (Colosenses 1:23-23).

Mira a la cruz conmigo y entiende que estás reconciliado con Dios; no tienes más pecado y eres santo(a) ante Sus ojos. No tienes mancha y eres completamente libre de acusación. Dios te ve como “santo(a)”. Cuando leo esta verdad, ¡me quedo perplejo! “¿Yo? ¿Como santo me ve Él?” Y así cuando veo la cruz, veo a Jesús desnudo para vestirme, muriendo como si hubiera pecado, para yo poder vivir en Su justicia. De este modo creo que así como Dios ve a Jesús colgado por mi pecado, así Él me ve vestido con el manto de justicia que Jesús me ha dado.

Cuando sabes que Dios te ha reconciliado, que te ha aceptado totalmente, y que eres agradable a Él, las personas te pueden ignorar o rechazar todo lo que quieran, pero esto jamás arruinará tu día. El evangelio te rescata del querer complacer a la gente y te vuelve amoroso con las personas. El evangelio te hace ver a otros con el amor a muerte que Cristo tuvo por ellos, para que los puedas amar incluso cuando te tratan mal.

Imagínate por un minuto a una joven desfigurada, quien al salir en público es ridiculizada y burlada por gente de mal corazón. Por esa razón ella siempre trata de cubrir su rostro desfigurado, tratando de gustarle a los demás. Un día, ella conoce a un muchacho que queda encantado con ella. Él puede ver su corazón y queda cautivado; él la ama. Este joven le dice continuamente que ella es la mujer más hermosa que jamás ha conocido. Y con él, ella se siente bonita. Ahora, cuando esta muchacha sale y la gente se burla de ella, ella recuerda cómo su enamorado la ama, y así puede ignorar los comentarios poco amables de la gente. Ella ha encontrado aceptación; ella sabe que es hermosa para quien verdaderamente importa.

Mira amigo(a), ¡Tú eres hermoso(a) para Jesús! ¡Tú le agradas a Él! Aférrate a esa verdad y serás libre de querer agradar a los demás.

El temor al hombre es un lazo, pero el que confía en el Señor estará seguro (Proverbios 29:25). Yo he experimentado esto: hace 21 años fundé un ministerio llamado Setting Captives Free 1.0 porque buscaba validación de otras personas. Yo era un hombre que quería complacer a las personas, pero todo cambió cuando Dios me mostró que Jesús murió para rescatarme, y que era totalmente agradable a Su vista. ¡Ahora soy libre! Mi esposa, Jody, y yo hemos fundado Setting Captives Free 2.0; ya no intentamos ganarnos la aprobación del hombre, sólo queremos llevar el evangelio a cuantas personas sea posible.

¿Y tú? Pregunta para esta semana: ¿Cuál ha sido tu experiencia con querer complacer a las personas? ¿Puedes ver cómo aferrarse al evangelio de Jesucristo te libera de este lazo y de todos los pecados que esta trampa trae?

Tomado de SettingCaptivesFree.com

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