Cuando se trata de desarrollar una estrategia de batalla, el mundo (y muchas veces la misma iglesia) ofrece una cantidad de planes bien pensados pero que no tienen el poder del Evangelio. Si quisiéramos encontrar verdadera libertad del pecado sexual, debemos consultar primero con el Señor y recibir nuestros planes de Él.

Para ver la importancia de buscar al Señor en estos asuntos serios del corazón, consideremos una batalla en particular que los israelitas pelearon contra un pequeño pueblo llamado Hai.

Los israelitas acababan de ganar su primera batalla en la Tierra Prometida contra la ciudad de Jericó siguiendo las direcciones poco convencionales de Dios en cómo derrotarla (marchando alrededor de la ciudad por una semana). Ellos se sentían fuertes y poderosos. Entonces, Josué envió algunos espías a Hai, los cuales cuando retornaron le comunicaron que era un pueblo pequeño. Ellos aconsejaron a Josué a que enviara un pequeño ejército para tomar esa ciudad.

Así que, Josué envió solo 3,000 hombres los cuales marcharon confiados hasta Hai, pero el resultado no fue el esperado. Aquí va: “Los habitantes de Hai mataron a treinta y seis hombres; a los demás los persiguieron hasta las canteras, y los derrotaron en la bajada. Y cuando el pueblo supo esto, su ánimo desfalleció y se escurrió como agua” (Josué 7:5).

Los israelitas no habían consultado con Dios acerca de Hai. Ellos simplemente hicieron sus propios planes y llevaron a cabo sus estrategias en el poder de su propia carne. Y esto es una receta para el desastre.

Si los israelitas hubieran consultado con Dios acerca de Hai, Dios les hubiera dicho que había pecado en su campamento porque alguien había tomado cosas prohibidas de la ciudad de Jericó y las había escondido en su tienda, y ese pecado tenía que solucionarse antes de esperar cualquier clase de victoria (Josué 7:10-12).

Como cristianos tenemos que buscar al Señor y aprender Su plan para nuestra victoria, porque si no, nos vamos a ver siguiendo los consejos del mundo y haciendo lo que parece lógico para nosotros, aunque sea para nuestro propio detrimento. El mundo no tiene experiencia de lo que es morir al pecado, resurrección a una nueva vida, o de caminar con el Espíritu de Dios para que no gratifiquemos las lujurias de nuestra carne.

El Señor puede liderarnos a la victoria en maneras que no tienen sentido para el mundo, aun cuando la respuesta de Dios para el problema del pecado de la humanidad fuera colgar a Su Hijo en un madero, juzgarlo, herirlo y matarlo. El mundo ve eso que pasó y no tiene sentido para ellos, parece tonto e irreverente.

Vimos que la primera batalla contra Hai no resultó muy bien, entonces miremos lo que alguien hizo. Mientras leemos esta historia, recordemos que estamos estudiando lo esencial de mirar al Señor (no al hombre), cuando se busca la victoria en la batalla.

2 Crónicas 20:1-2 RVC Tiempo después, los moabitas y los amonitas, y algunos de los meunitas, declararon la guerra a Josafat. (2) No faltó quien le diera aviso a Josafat y le dijera: “Del otro lado del mar, y de Siria, viene a atacarte un gran ejército. ¡Ya están en Jasesón Tamar, es decir, en Engadí!”.

Fíjate, este era un ejército grande, y ellos están declarando la guerra al rey Josafat y a la gente de Dios. Esto es lo que tú y yo encaramos cada día. La pornografía y la impureza sexual son un ejército enorme con muchos recursos, ¡y vienen por ti y por mí! Soldado, ¿qué hacemos? Pues bien, veamos lo que Josafat hizo:

2 Crónicas 20:3-4 (RVC) Lleno de miedo, Josafat se dispuso a consultar al Señor, y ordenó que todos en Judá ayunaran. (4) En todas las ciudades la gente se reunió para pedir la ayuda del Señor…”

¡Josafat decide preguntarle al Señor! En los siguientes versos Josafat ora al Señor, recordándole que en Su Palabra, Él prometió a los israelitas su heredad en la tierra prometida, y termina con esta declaración: “Nosotros no tenemos la fuerza suficiente para enfrentar a ese gran ejército que viene a atacarnos. ¡No sabemos qué hacer, y por eso volvemos a ti nuestra mirada!” (2 Crónicas 20:12).

Aquí Josafat, de manera libre, reconoce que el enemigo era más grande y poderoso; y que ellos, por sí mismos, no tenían ni el poder ni sabían qué hacer.

Amigo, no hay vergüenza en reconocer que hacemos frente a un poderoso enemigo y que no sabemos cómo derrotarlo. Algunas veces nos quedamos largos años en esclavitud hasta que reconocemos que todos nuestros esfuerzos humanos, nuestros planes, e intenciones nunca nos hacen libres. Esta es la posición propicia ante Dios, tener total dependencia de Él para lograr la victoria.

En 2 Crónicas 20:13-17, vemos que Dios de hecho les dio este plan de batalla muy específico y claro:

2 Crónicas 20:15-17 RVC Y dijo: « ¡Escúchenme ustedes, habitantes de Judá y Jerusalén! ¡Y escúchame tú, rey Josafat! El Señor les dice: “No tengan miedo ni se amedrenten al ver esta gran multitud, porque esta batalla no la libran ustedes, sino Dios. (16) Mañana, cuando ellos suban por la cuesta de Sis, ustedes caerán sobre ellos. Los encontrarán junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel. (17) En este caso, ustedes no tienen por qué pelear. Simplemente quédense quietos, y contemplen cómo el Señor los va a salvar. Judá y Jerusalén, no tengan miedo ni se desanimen. ¡Salgan mañana y atáquenlos, que el Señor estará con ustedes!”»

Interesante plan de batalla, ¿sí o no? Quédate quieto y observa al Señor pelear por ti.

En los siguientes versículos, vemos que Josafat pone a que los cantantes lideren el ejército a la batalla.

Y aquí va el resultado final:

2 Crónicas 20:22 (RVC) Cuando los cantos de alabanza comenzaron a escucharse, el Señor puso contra los amonitas y moabitas, y contra los del monte de Seir, las emboscadas que ellos mismos habían tendido contra Judá, y acabaron matándose los unos a los otros.

Escucha esto: “Cuando los cantos de alabanza comenzaron a escucharse, el Señor puso las emboscadas…” Los israelitas sabían que Dios había prometido la victoria, les había dado instrucciones específicas, y así ellos cantaron y alabaron en su camino a la batalla, ¡como si la victoria ya hubiera sido alcanzada! Y mientras cantaban y alababan, Dios puso a los enemigos de Israel a matarse entre ellos mismos. Ellos ganaron la batalla porque consultaron al Señor, siguieron Su plan, y le alabaron.

Las soluciones de Dios no son las del hombre. Dios nos dice que nos quedemos quietos y miremos a la cruz. Allí vemos a un hombre muriendo en una cruz como un criminal, sufriendo en lugar de pecadores, ganando la batalla contra Satanás y comprando vida eterna para todos los que creen. Él aún usa el poder de este mensaje, el poder de la cruz para destruir fortalezas enemigas y liberar a los esclavos. Es nuestro papel adoptar esta solución y alabarle por la cruz, ¡creyendo que la batalla ya ha sido ganada! ¡Sí, la cruz es nuestra victoria!

Si esto es verdad, entonces Dios te está llamando a que reconozcas tu debilidad frente a este ejército, y a que lo busques a Él para que te dé fortaleza, sabiduría para pelear, y que te proporcione planes específicos para batallar contra tu propia carne y derrotar al enemigo. Y más específicamente, te llama a que mires a la cruz ahora mismo, ¡y veas que la aparente derrota de Jesús es realmente tu victoria!

La primera verdad de importancia cuando peleas como un soldado en el ejército del Señor, es mirar a tu Comandante. Cuéntale tus problemas y pídele una solución.

Durante el curso online estaremos viendo cómo lavarnos en la cruz, cómo andar en el Espíritu y cómo batallar contra nuestra carne. Pero por ahora, si Dios te está llamando a volverte a Él cuando libras esta batalla, y te pide que lo busques únicamente a Él si quieres la victoria, ¿entonces por qué no lo haces y se lo suplicas en este instante? No hay vergüenza en reconocer la fortaleza de tu enemigo y el poder que tiene sobre ti, en tanto que estés pidiéndole al Señor que te dé la victoria.

1 Corintios 15:57 (RVC) ¡Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!

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Tomado de ministerio settingcaptivesfree.com