En el último año ha aumentado en un 43% las violaciones en grupo cometidas por menores de edad, en comparación con las denunciadas el año anterior, ¿podría ser casualidad? Varios investigadores señalan el consumo precoz de pornografía (edad media de 11 – 12 años) como una de las causas principales, aunque es un fenómeno multicausal. El 88% de los vídeos pornográficos que están disponibles en la red son violentos y agresivos, mostrando vejaciones hacia las mujeres. Además, el primer contacto que tienen la mayoría de los adolescentes con el sexo suele ser a través de páginas de pornografía, por lo que se generan una idea sobre el sexo totalmente desvirtuada e irreal.

¿Quiere decir esto que si una mujer o un hombre ven porno van a convertirse en violadores? Para nada, pero bien es cierto que a los 12 años los patrones sexuales y afectivos están en pleno desarrollo, además de que debemos tener en cuenta que un cerebro no es maduro hasta más o menos los 21 años.

Por lo que cabe plantearnos, ¿cómo influye el hábito de consumo de pornografía en el desarrollo de un cerebro adolescente?

Al igual que otros patrones adictivos, como el consumo de alcohol o tabaco, los adolescentes tienen un riesgo mayor que los adultos de convertirlo en adicción, debido a que es más probable que el hábito entre fuera de control. En relación con esto está la actividad del circuito de recompensa, que incluye la activación de estructuras del sistema límbico (amígdala- hipocampo- núcleo accumbens), siendo este el mismo mecanismo que se activa en el caso de reforzadores naturales, como beber agua o alimentarnos.

A nivel cerebral se explica el proceso de adicción de la siguiente manera:

  1. Intoxicación, es la primera fase, en este caso la persona visualiza material pornográfico que le da una sensación de placer (no solo la visualización, si no los comportamientos relacionados, excitación y masturbación) liberándose dopamina en el sistema de recompensa. Repetido en el tiempo esto lleva a cambios en la plasticidad neuronal y cambios en el desempeño normal de las neuronas.
  2. Síndrome de abstinencia, se activan los sistemas relacionados con el estrés, dando como resultado la disminución de sensibilidad a la recompensa que antes eran significativas, es decir se genera tolerancia al estímulo.
  3. Preocupación o anticipación, las irregularidades fisiológicas llegan a otras zonas de la corteza produciendo déficits en el auto control y la motivación.

Los adictos necesitan cada vez más material para mantener el mismo nivel de excitación. En diversos estudios de neuroimagen se observa que las personas que están habituadas a la visualización de pornografía presentan una menos actividad del putamen (estructura que se activa durante la actividad sexual) relacionado con la insensibilización, disminuyéndose la respuesta neurológica natural a estímulos sexuales. De aquí se desprende que haya adolescentes y adultos que desarrollen prácticas sexuales que intentan imitar aquello que realmente les excita en la pantalla. Pudiendo llegar a desarrollar trastornos psicológicos sexuales y parafilias como voyerismo, froteurismo, exhibicionismo o masoquismo entre muchas otras.

Todo esto puede generar no solo problemas afectivos con las parejas actuales y futuras, si no problemas en el día a día, a nivel social, académico o profesional.

Obviamente es importante señalar que no todo el consumo de pornografía es nocivo, como todo, lo importante es saber cómo utilizarlo y tener desarrolladas una conciencia plena tanto de lo que significa como de su uso. Además de que nos haríamos un gran favor si dejásemos de lado los prejuicios y los tabúes e incluyésemos el uso del porno como factor importante en una buena educación sexual.

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